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Dentro de un ambiente propicio y estimulante podemos diferenciar al menos dos vías para llevar a cabo dicha estimulación:

 

1.- Proporcionando a los niños y las niñas un entorno rico y variado en experiencias y cargado de cariño, pero sin buscar el realizar un trabajo estable y continuado. Esta vía genera, aproximadamente, un nivel del 60 % de conexiones neuronales.

 

2.- Buscando que nuestra actividad con los niños y las niñas esté cargado de intencionalidad y desarrolle un trabajo más sistemático. Esta vía lleva a generar más de un 80 % de conexiones neuronales. Este tipo de relación con los niños y las niñas debe tener en cuenta algunas consideraciones:

 

  • Los programas de estimulación, incluso los de Glenn Doman, están cargados de flexibilidad, no de rigidez. Se deben conocer a fondo para adaptarlos a nuestra realidad.
  • La estimulación siempre será una actividad lúdica. De otra forma, ningún niño o niña pequeña querrá jugar más de un día.
  • Cada actividad ha de ser extremadamente breve. Siempre debe acabar antes de que el niño o la niña lo desee, con el fin de que quede con ganas de repetir.
  • No importa tanto si el programa de estimulaión es muy exigente o poco, cuanto si es o no consistente. Es decir, mantenido en la intensidad que podamos y queramos nosotros.
  • Los niños y las niñas aprenden con los hechos, esto es, con la experiencia. Cuantas más ocasiones les demos de indagar y experimentar, más estimulación recibirán.
  • La estimulación debe abarcar todas las capacidades humanas: visual, auditiva, táctil, olfativa, gustativa, afectiva, social y psicomotora.
  • Debemos integrar en el trabajo nuestra dedicación a ciertas destrezas y funciones como la memoria, la atención, la capacidad de análisis y síntesis, la clasificación, la comparación, etc.
  • No podemos obviar que aprendemos de la manos a la cabeza. Es decir, primero apreciamos con el tacto y después con otros sentidos hasta que el mensaje llega claro al cerebro, donde es comprendido.
  • Nunca puede faltar la honestidad. Si el adulto hace lo contrario de lo que intenta enseñar al niño o la niña, ésta lo percibirá y dejará de confiar, cesando el aprendizaje.   

 

 

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