Inicio

La Estimulación Temprana es hoy por hoy un recurso imprescindible en la educación de nuestros hijos/as y alumnos/as.

Bien desde su validez en el tratamiento de cualquier discapacidad, bien para su aplicación a un niño o niña sanos, en ambos casos contamos con la evidencia que nos trae la neurología en cuanto a su eficacia para el desarrollo cerebral y la creación de conexiones neuronales.

 

Es en la cantidad de estas conexiones en donde reside la diferencia entre un cerebro bien desarrollado y otro, poco estimulado. Por un lado estarán niños y niñas con la estimulación aleatoria que hayan captado de su ambiente y, por otro, aquellos que hayan sido conscientemente estimulados. Estos, gracias a sus neuronas mejor conectadas tendrán, durante toda su vida, mayores capacidades a todos los niveles: intelectual, afectivo, motor, etc.

 

Hablamos de una estimulación bien concebida que se desarrolle en el ambiente propicio, es decir, el de unos adultos que saben qué deben enseñar a sus hijos o alumnos y, que en todo momento, lo hagan guíados por el amor hacia ellos.

 

Podemos destacar  algunas de las evidencias que nos aportan la neurología, así como el hombre que más ha desarrollado el campo de la Estimulación Temprana desde Filadelfia, Glenn Doman: 

 

    1) La plasticidad del cerebro entre los 0 y 6 años es máxima, lo que facilita el aprendizaje.

    2) Un niño o una niña pequeños muestran pasión ante un adulto que quiera jugar con ellos a cualquier cosa o, simplemente, que les preste atención.

    3) Crear conexiones entre las neuronas es muy fácil y ello se traduce en un desarrollo mayor del niño o la niña, con una mejor organización neuronal.

    4) La enorme capacidad infantil se demuestra por ejemplo con el 100 % de éxito en su adquisición de una o varias lenguas habituales en su entorno.

    5) El interés del niño y la niña no tiene fronteras, aunque muchos adultos se empeñan en limitarlo y enseñarles sólo migajas y, no pocas veces, contenidos de escaso interés para ellos.

    6) Crecer contando con la confianza de los adultos que les rodean,  sintiéndose queridos y con posibilidades reales de ejercer su responsabilidad, augura a los niños y las niñas un futuro más estable emocionalmente y menos posibilidades de fracaso, incluido el escolar, el personal, el social y el psicológico.

rubita_con_trenzas.jpg

ninos_en_fila_vagones.jpg
padre_levantando_nino.jpg
bebe_con_libros.jpg


  >> volver