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A menudo nos surgen dudas sobre la Estimulación Temprana o la forma de llevarla a cabo. Igualmente hay personas un poco asustadas porque han oído algunas críticas y no saben qué tienen de cierto.
1.- A nosotros no nos estimularon de pequeños. ¿somos acaso inferiores a los niños estimulados?
Todos nosotros hemos crecido en un ambiente diferente y, en cada caso, nuestro nivel de estimulación también lo será. El sentido común de muchas madres y padres es elogiable, pero no ocurre así en todos los casos. Los niños más atendidos en sus aspectos afectivo, cognitivo, social o psicomotor tendrán un cerebro más desarrollado, pero también los habrá con grandes carencias en esas áreas.
En todo caso, pruebas objetivas como las de PISA nos dejan ver que nuestra capacidad de pensamiento y resolución de problemas de la vida deja bastante que desear.
2.- ¿No es cierto que los niveles de lectura, escritura, etc, de los niños estimulados y no estimulados se igualan una vez llegan a determinada edad?
La estimulación tiene su reflejo más efectivo en el desarrollo de conexiones neuronales. Éstas proporcionan al cerebro unas mayores capacidades en todo tipo de actividad que el ser humano quiera realizar y le facilitan cualquier nuevo aprendizaje sea cual sea su edad. Aprender le costará menos y disfrutará más, consiguiendo mejores resultados.
3.- Los niños estimulados desde pequeños, después no se aburren en la escuela ordinaria?
Los niños siempre tienen intereses y necesidades. Si el profesor o profesora conoce a cada uno de sus alumnos y trata de satisfacerles más o menos individualizadamente, entonces no habrá problemas. Si a todos les aplica la misma metodología y nivel de exigencias, entonces no sólo los estimulados tendrán probelams en ese aula.
4.- ¿El fin de la estimulación temprana no es sólo marketing para las Escuelas infantiles y ganas de fanfarronear para los padres y madres que pueden deslumbrar a las visitas con la sabiduría de sus pequeños?
Hay Escuelas que sí lo utilizan para diferenciarse en estos tiempos de competitividad. También hay padre y madres que disfrutan sólo con lo anecdótico de la estimulación, como poder nombrar monumentos de otros países.
Quienes nos tomamos en serio la estimulación trascendemos de esos efectos colaterales y damos importancia a lo que de verdad la tiene, es decir, la magia que está produciéndose dentro de esos cerebros en los cuales se están creando verdaderas autopistas neuronales.
5.- Con lo pequeños que son, ¿no es mejor dejarlos tranquilos hasta que crezcan?
Esos niños y niñas tan pequeñitos tienen el cerebro más esponjoso y absorbente que cualquiera de nosotros, adultos y adultas. De ahí se deriva su gran facilidad para aprender cualquier cosa y no será a ellos a quienes les parezcan fáciles o difíciles los aprendizajes, sino a nosotros. Son ellos y no nosotros los que pueden dominar varias lenguas simultáneamente en un breve período de tiempo.
Si les dejáramos hasta mayores, tal y como ocurre comúnmente, nos encontraríamos con la realidad actual. Su deber es estudiar y utilizar un cerebro insuficientemente estimulado para aprender densos contenidos cuando sus capacidades ya no son las más facilitadoras.
6.- Aunque de pequeños se estimule a los niños, ¿recuerdan todo lo aprendido cuando llegan a mayores?
Sólo se recuerda aquello que se repite periódicamente, pero recordemos que la estimulación no tiene una función únicamente de memorizar conceptos, sino de entenderlos y saber utilizarlos para resolver problemas de la vida real. Los niños y niñas correctamente estimulados serán más hábiles en esto.
7.- ¿Por qué hay psicólogos que desaconsejan la estimulación y proclaman el juego como vía de aprendizaje y desarrollo?
Muchos adultos aseveran que el camino para aprender es el juego. Pocos de ellos se han preguntado: "jugar sí, ¿pero a qué?". Los niños y niñas pequeñas prefieren jugar con los adultos a cualquier cosa que estos les propongan que con los juguetes de todos los días, a los que sólo hicieron caso los primeros quince minutos ( o un poco más si venían en una caja, puesto que le sacan más partido a ésta que al juguete).
Se puede jugar a leer, a matemáticas, a conocer animales, a clasificarlos en jaulas de un zoo, a buscar diferencias entre dos muñecos, a disfrazarnos como uno de los animales, a ver qué coche nos falta hoy, etc. Jugar con un objetivo no es malo, es muy bueno. Y si además lo hace el padre o la madre a la vez trataremos de transmitirle al niño todo nuestro amor, respeto y confianza en sus posibilidades para fomentar su autoestima y autonomía.
8.- ¿No es peligroso sobre-estimular a los bebés?
Dadas las limitadas capacidades que tenemos los adultos, aún no hemos conocido ninguno capaz de sobre-estimular a un bebé. Si se le respeta y se conocen todas sus necesidades, la actividad del adulto siempre será bastante pequeña comparada con la capacidad verdadera de aprender del niño o la niña. Dicho de otra forma, ya les gustaría a muchos adultos saber que tienen suficiente capacidad como para saturar a un niño con sus saberes o habilidades físicas.
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